Un catálogo B2B online es el listado de productos o menús que otra empresa usa para pedir: precio por cliente, unidad de compra y un pedido que cocina o almacén puede ejecutar sin llamar. En restaurantes y grupos de hostelería aplica a catering corporativo, venta a otras cocinas o reposición entre locales. El criterio de corte es operativo: si el comprador no cierra el pedido en una visita, el catálogo no está listo para anunciarse.
Antes de SEM el trabajo no es “hacer una tienda bonita”. Es dejar un canal que un kitchen manager o el responsable de compras de otro local pueda usar a las 11 de la mañana, con prisa. Si el comercial sigue mandando el Excel por correo, el anuncio solo multiplica el caos. Este paso a paso parte de un catálogo B2B online en web, no de un PDF colgado. Sirve igual en Sabadell, Barcelona o con varios locales en Cataluña: el problema no es la ciudad, es el pedido.
Qué decide si necesitas un catálogo B2B online
No todo grupo hostelero necesita un portal. A veces basta un menú de catering en PDF y un teléfono. El corte aparece cuando se repiten tres cosas: el mismo cliente pide cada semana, el precio cambia según volumen o local, y alguien pierde media hora armando el pedido a mano.
Hay tipologías claras. Un restaurante con reservas que además vende bandejas a oficinas. Un grupo con central de producción que abastece locales propios y, de paso, otras cocinas. Un obrador que ya factura a hostelería y aún cierra pedidos por WhatsApp. En los tres casos el comprador necesita referencia, alérgenos, unidad y fecha.
El criterio cabe en una pregunta. ¿El pedido que entra hoy se puede preparar mañana sin una llamada de aclaración? Si la respuesta es no, el catálogo aún es un folleto. Si es sí, entonces sí tiene sentido gastar en anuncios. Ojo con copiar una tienda B2C: el particular elige foto y pulsa, el comprador B2B elige referencia, mínimo y tarifa ya negociada. Mezclar los dos modos rompe el pedido.
Paso 1: inventario de lo que se pide de verdad
Empieza por lo que sale de cocina o de almacén cada semana, no por lo que “quedaría bien en la web”. Lista SKU o nombre interno, unidad de venta, formato y si hay rotura habitual. Si un plato solo se hace los jueves, que conste. Si está discontinuado, fuera.
En hostelería el inventario miente. El recetario tiene 80 referencias y el pedido real usa 25. Montar las 80 hincha el catálogo y deja fichas muertas. Trabaja con tres cubos:
- Lo que se pide cada semana y tiene precio estable.
- Lo que se pide por encargo: eventos, temporada, reservas de grupo con catering.
- Lo que no se vende fuera: carta del local, platos que no viajan, referencias sin alérgenos.
El primer cubo es el catálogo. El segundo puede vivir como solicitud, no como ficha comprable. El tercero no entra. El recorte duele menos que un anuncio hacia un producto que no se puede servir.
Si tenéis varios locales, no clones el inventario por sede a ciegas. Primero decide si el comprador pide a una central o a cada cocina. La URL y el stock dependen de ese dibujo, no del logotipo.
Paso 2: tarifas, unidades y mínimo de pedido
Aquí se rompe la mayoría de intentos. El precio de carta no es el precio B2B. La ración de sala no es la bandeja de catering. Si publicas un “desde” vago, el pedido llega mal dimensionado.
Define unidad con el lenguaje de cocina: kg, bandeja de 12, cubeta GN, pack de 6, menú por comensal con mínimo de 15. “Unidad” genérica acaba en una discusión sobre tapas o raciones. El mínimo no es un detalle legal: es la línea que evita que cocina pare por 4 raciones a las 13:00. Ponlo visible en la ficha, antes del login.
Las tarifas por cliente piden acceso, no un precio único en HTML. Tres caminos reales:
- Precio de lista visible y descuento posterior en factura. Simple, sucio, genera reclamaciones.
- Login y tarifa por cuenta. Más trabajo, menos teatro.
- Lista pública sin precio y “solicitar oferta”. Útil al inicio, inútil si el cliente ya es recurrente.
Si el volumen ya es recurrente, el camino 2 es el que aguanta. Un PDF con “precios orientativos” no es un catálogo. Es un aplazamiento. Cuando el precio vive en el ERP o en una hoja de compras, no lo reescribas a mano cada lunes. Ahí entra una integración entre sistemas: tarifa, stock y estado del pedido en un solo sitio. Sin eso, el catálogo envejece en dos semanas.
Paso 3: acceso por cliente, no un PDF público
El B2B de hostelería mezcla datos que no deberían estar a un Google de distancia: precios de un hotel, condiciones de un comedor, referencias que solo vendéis a un grupo. Un PDF en Drive “con el enlace que ya tiene todo el mundo” no es acceso. Es filtración lenta.
El acceso mínimo es una cuenta por empresa, no por la persona que un día pidió mesa. La persona rota. La empresa permanece. Eso pide login mantenible y alguien interno que sepa dar de alta una cuenta. El primer mes basta con alta de cliente, tarifa, historial y un estado que cocina entienda: recibido, en producción, listo, entregado.
Reservas y catálogo no son el mismo flujo. El particular reserva mesa. El comprador B2B reserva producción. Si mezclas el motor de reservas con el carrito de bandejas, el calendario miente y el TPV no sabe qué cobró. Sepáralos.
Paso 4: la ficha que cocina puede ejecutar
La ficha B2B no es una página de inspiración. Es una orden de trabajo disfrazada de producto. Foto sí, si evita confundir dos ensaladas. Texto largo, no. El kitchen manager no lee un manifiesto de marca a las 10:40.
Datos que tienen que estar
- Nombre interno y nombre comercial, si no coinciden.
- Unidad de venta y equivalencia: bandeja = 12 raciones, cubeta = X kg.
- Alérgenos y, si aplica, trazas. Sin eso, el pedido corporativo se cae.
- Plazo de corte: hasta qué hora se pide para entregar al día siguiente.
- Local de salida, si el grupo no reparte desde un único obrador.
- Precio de su tarifa, o aviso claro de que lo verá al entrar.
Si vendéis a otras cocinas, añadid cadena de frío en una línea. Evita la pregunta de siempre.
Lo que sobra y solo distrae
Sliders, recetas para el comensal y un bloque de “nuestra historia” en medio de la ficha. Eso es web de marca, no catálogo. En el móvil, precio y mínimo tienen que verse sin tres acordeones. Si no, el pedido se acaba en WhatsApp y el anuncio ha trabajado para el chat.
El error habitual antes de encender SEM
El error no es “no tener tracking”. El error es anunciar una URL que aún no cierra pedidos. Landing de grupo, fotos de sala, un botón de “pide presupuesto” y un formulario que llega a un buzón que mira media oficina. SEM solo encarece ese embudo.
Segundo error: indexar precios que no son. El anuncio promete catering a precio de carta, el cliente pide y el comercial corrige. Cada corrección enseña a no fiarse del catálogo. Tercer error: medir sesiones como si fueran demanda. Si el anuncio de catering empresas aterriza en la home de reservas, el kitchen manager cierra la pestaña. ¿De qué sirve un clic barato si quien compra no encuentra la unidad de venta?
No actives campaña hasta que un cliente real complete un pedido de prueba: login, tarifa correcta, mínimo respetado, aviso a cocina, confirmación al comprador. Si ese circuito falla, el presupuesto espera. El tráfico de pago, cuando llegue, encaja en Meta Ads, Google y reputación sobre un destino que ya entrega el pedido. La ficha de Google del local puede seguir trayendo reservas. El catálogo B2B es otra URL y otro público.
Mantenimiento y medición del catálogo B2B online
Un catálogo sin dueño muere. Asigna una persona, no “el equipo”, que actualice precio, baja de ficha y plazo de corte. Una pasada semanal en temporada alta basta. Si nadie puede dedicar esa hora, reduce fichas. Mejor 20 vivas que 80 zombies. Mantenimiento también es retirar: acaba la temporada, la ficha se oculta.
La medición, antes de SEM, es de operación. No de vanidad.
- Pedidos completados sin mensaje posterior de aclaración.
- Pedidos que cocina rechaza o corrige: unidad, alérgenos, fecha.
- Cuentas creadas que no llegan a primer pedido en 14 días.
- Tiempo entre añadir al carrito y confirmación. Si se dispara, el mínimo o el login estorban.
Cuando eso esté estable, mide la conversión de la landing B2B, no de la home. Fuente del pedido y ticket medio por tarifa. Si el catálogo comparte servidor con la web de reservas, vigila picos. No hace falta una migración cloud el primer mes. Sí hace falta no tumbar la ficha el viernes con imágenes de carta sin comprimir.
Preguntas frecuentes
¿Un PDF con precios ya cuenta como catálogo B2B online?
No. Un PDF se desactualiza y se reenvía. Un catálogo B2B online deja ver la tarifa del cliente, la unidad de pedido y un estado que cocina puede ejecutar. Si cada cambio de precio exige otro archivo, el cuello de botella sigue igual.
¿Hace falta una tienda con pago online para vender a otras cocinas?
No siempre. Muchos grupos facturan a 30 días y el cobro no va en el carrito. Lo que sí hace falta es el pedido operable: quién pide, qué tarifa, qué cantidad y para qué fecha. Forzar pasarela el primer mes solo añade fricción.
¿Se puede usar la misma web de reservas para el catálogo B2B?
La misma web sí, la misma URL y el mismo flujo no. Reservas y pedido B2B mezclan públicos y métricas. Deja el catálogo en un apartado con acceso y aviso a producción. La home puede seguir vendiendo mesa.
¿Cuándo tiene sentido invertir en anuncios si el catálogo ya está publicado?
Cuando un pedido de prueba recorre el circuito sin WhatsApp de respaldo: tarifa correcta, mínimo visible, aviso a cocina y confirmación al cliente. Hasta entonces, el presupuesto de SEM paga aclaraciones.
¿Qué mantenimiento mínimo aguanta un grupo pequeño?
Una persona con permiso para ocultar fichas y cambiar precio, más una revisión semanal de pedidos corregidos a mano. Si esa hora no existe, recorta el catálogo a las referencias que de verdad salen. Mantener no es “actualizar la web”: es no mentir al siguiente pedido.
Si inventario, tarifa y aviso a cocina ya están claros, el siguiente paso es construir el catálogo B2B online sobre una web que se pueda mantener. En Chocola Studio (Sabadell) lo encaramos así: canal operable primero, campaña después. Cuando queráis revisar el vuestro, escribid desde la página de contacto.